Había sido un completo imbécil.

No pasaba un día sin reprocharse su actitud egoísta para con Renata y Arturo. Esos dos tortolitos le habían ofrecido su amistad y una oportunidad única con la música. Pero él, tentado por el dinero y la fama, la había cagado. Y lo lamentaba profundamente.

Había escrito varios mensajes de texto pidiéndoles disculpas, pero nunca se había atrevido a enviarlos. No tenía el suficiente coraje. El problema radicaba en que, primero, debía perdonarse a sí mismo.

La cálida caricia sobre su brazo interrumpió sus reflexiones. Giró el rostro. A su lado, una joven, cuyo nombre no recordaba, lo miraba con deseo. Era la rutina en la que su vida se había convertido.

––Dennis, ¿quieres que repitamos? ––susurró ella con la voz ronca a causa de las pocas horas de sueño.

––No. Me tengo que ir. Y tú también.

La rubia de ojos azules parpadeó antes de que su semblante se cubriese de indignación.

––¿Hablas en serio?

Dennis refunfuñó. Odiaba ese momento de la mañana, cuando una muchacha que había aceptado gozar de sexo desenfrenado y sin compromiso con él, comenzaba con reclamos.

––Tengo una reunión en menos de una hora y debo ducharme. Alrededor de mi casa encontrarás las principales paradas de autobuses. Si prefieres, puedo llamar a un taxi.

––¿Me estás despachando luego de habernos desfogado como dos animales?

Con el ceño fruncido, Dennis se levantó de la cama.

––Mira, Bianca…

––Yvonne.

Se restregó la cara con las manos, consciente de que aquello se ponía cada vez peor. Haber bebido como un desorejado no ayudaba a sus neuronas.

––Disculpa, Yvonne, pero…

––¡Eres como todos! ––aulló la chica.

En medio de una sarta de improperios y desnuda como Dios la trajo al mundo, se precipitó en busca de la ropa desparramada en el suelo. Dennis rogó que esa histérica partiese de inmediato. No toleraría un drama más.

Se dirigió al cuarto de baño y, sin mirar atrás, informó:

––La verja de la salida está sin llave.

Al cerrar la puerta, escuchó un chillido y, enseguida, un estruendo. Estaba seguro de que su visita había arrojado una de las desvencijadas sillas del dormitorio contra la hoja de madera. Pero lo tenía sin cuidado. Cuando juntase dinero, cambiaría los muebles de su habitación.

Disfrutó del agua caliente y del aroma a champú. Una vez limpio, se secó con una toalla. Después de lavarse los dientes, acomodó, como pudo, el cabello rubio y rizado que clamaba por un corte.

Regresó a su cuarto. Al constatar que Yvonne se había marchado, respiró aliviado.

Miró el reloj de pared. Faltaban veinte minutos para las nueve de la mañana. A Dios gracias, el lugar de la audición a la que había sido convocado hacía una semana quedaba a pocas cuadras.

Una vez vestido, se apropió del juego de llaves y salió a la calle.

En el camino, recordó que, desde su separación del grupo Arena, se había presentado a varias audiciones de bandas en busca de un baterista. Su habilidad con ese instrumento era sólida y contundente. Sin embargo, los puestos habían sido otorgados a intérpretes que los mismos miembros conocían de antes.

Cuadró la mandíbula. Necesitaba hablar con Arturo, porque desde la nefasta noche en Berlín no podía pegar un ojo. Quizá, después de varios meses, había llegado la hora de enfrentarse a los miedos y a la culpa que lo carcomían.

Envalentonado, tomó el teléfono móvil. Al localizar el número de Arturo, la consternación de siempre lo frenó. En realidad, no tenía idea de qué decir para reparar el daño que había ocasionado.

Perturbado, se dio cuenta de que había arribado al domicilio de la cita. Al observar la fachada venida a menos del caserón, se deprimió aún más. No solo era oscura, sino que las paredes y las ventanas pedían a gritos una buena mano de pintura.

Con la férrea promesa de que, apenas terminase la sesión, concretaría el llamado, colocó el móvil en el bolsillo de su chaqueta .

Tocó el timbre. Esperó un rato, pero, ante la falta de respuesta, pensó que debía de haber recordado mal la dirección escrita en el correo electrónico. Cuando iba a chequearla en su teléfono, se abrió la puerta.

––Hola.

El saludo provino de una muchacha alta, con cabellera corta, un tanto indómita, de color lila. Su abundante flequillo caía hacia un costado mientras que, en la zona de las orejas, el pelo estaba cortado al ras.

En su vida, Dennis se había topado con infinidad de personas insólitas, pero esa fémina lo dejaba absorto. No sabía si se debía a su extraño cabello, o a las cejas negras que contrastaban con unos ojos dorados de ensueño, o, tal vez, a la figura delgada de pequeños senos.

––¿Dennis van Doorn? ––insistió su interlocutora. Tendría que contestar o la boca se le llenaría de moscas.

––Sí, encantado.

Cuando la chica desplegó una sonrisa deslumbrante, su polla cobró vida.

«Mierda, Dennis», se reprochó.

Pasaría un papelón. Aunque estuviese vestido, la joven se daría cuenta del impacto que había ejercido sobre él.

––Adelante, por favor.

Asintió, preguntándose qué hacía un ángel como ella en una vivienda tan lúgubre. Pero, al ingresar, quedó estupefacto. Un lujoso estudio de grabación se extendía a lo largo y ancho de un enorme salón. Sobre un finísimo parqué laqueado, descansaban teclados, guitarras, bajos y violonchelos. Incluso una batería Pearl, una de las mejores del mercado mundial.

––No imaginé encontrarme con esto ––comentó embelesado.

La suave risa de la anfitriona produjo un revuelo en su alma.

––Lo sé. No queremos llamar la atención. A propósito, me llamo Tess van Dijk.

Dennis desvió la vista hacia la mano que se extendía en su dirección. Reconoció ese nombre como el mismo que figuraba en el remitente del correo en el que había recibido la convocatoria.

Devolvió el gesto y, ante el suave apretón, carraspeó. Escudriñó el semblante de Tess con intensidad; al detectar un lunar por encima de los labios llenos, se le hizo un nudo en la garganta. Y su sangre bulló.

Apartó la mano como si le quemase. Era eso o secuestrar a la ninfa.

«¿Qué diablos te pasa, Dennis?», se reprochó. Jamás se había sentido tan perturbado por la presencia de una mujer.

––Me sorprendió que abandonases el grupo Arena .

Tragó en seco.

––Una historia compleja ––respondió sin querer entrar en detalles.

––Cuando reproduje los vídeos de ustedes, admiré tu capacidad con la batería. Y supe que eras a quien estábamos esperando.

Al oír aquello, Dennis debería de haberse sentido feliz, pero el magnetismo de Tess lo dejaba sin capacidad de reacción.

––¿Cómo diste conmigo? ––se obligó a preguntar.

––A través de tus redes sociales.

Nervioso, se acomodó el cuello de la camisa. Se encontraba exaltado y le costaba controlarse. Eso debió de causar gracia en Tess, porque su rostro se llenó de hoyuelos al sonreír.

Apenas la escuchó, la desazón y la gran amargura que lo habían agobiado durante meses perdieron fuerza. El remordimiento ganado por su inconcebible comportamiento con Arturo y Renata le resultó lejano. En su lugar, una alícuota de luz iluminó la oscuridad en la que su existencia había caído. ¿Podría él merecer algo así?

––Los chicos de la banda llegarán en breve. Les dije que la entrevista comenzaría recién a las 9:30.

La voz sugestiva interrumpió sus pensamientos.

––¿Querías hablar a solas sobre un tema en particular?

Tess se acercó a él hasta casi rozar su mandíbula con los labios. Y susurró:

––Solo deseaba comprobar que lo que yo sospechaba era real.

––¿A qué te refieres? ––preguntó sin aliento.

––A ti, Dennis.

El corazón empezó a latirle desaforado.

––¿Sí? ––balbuceó.

No entendía nada de lo que estaba aconteciendo, pero le importaba un cuerno. Contemplar a esa deidad era lo único vital para él.

––Cambiarás tu vida y la mía.

––¿Cómo…?

––Y esas dos personas, a las que aprecias de verdad, merecen tus disculpas.

Quedó atónito. Esa chica, ¿era una bruja? ¿Cómo conocía acerca de lo sucedido con Renata y Arturo?

En medio de su desconcierto, Tess extrajo del bolsillo del pantalón vaquero un sobre muy elegante y se lo entregó. No bien Dennis lo tuvo en sus manos, un ruido intermitente retumbó en su cerebro.

Acosado por el alboroto, cerró los ojos con fuerza. Al abrirlos, se topó con la pintura blanca del techo de su habitación que continuaba agrietándose. Confundido, apagó la alarma del teléfono ubicado sobre la mesa de noche.

Volteó la cabeza y, al comprobar que se encontraba solo, suspiró aliviado. Pero también frustrado. Todo había sido un sueño.

Con rabia, apartó las sábanas. Pero no bien se puso en pie, algo cayó al suelo. Al mirar en esa dirección, empalideció.

«Imposible», murmuró para sí.

El mismo sobre que Tess le había entregado en el sueño yacía a sus pies. A toda prisa, lo levantó y lo abrió. Mientras leía su contenido, los ojos se le cuajaron de lágrimas:

El domingo 14 de febrero de 2021 a las 17:45 horas, Tess van Dijk y Dennis van Doorn contraerán nupcias en la Basílica de San Nicolás de la ciudad de Ámsterdam. Después de la ceremonia, los novios recibirán a los invitados en su residencia privada. A las 22:00, el grupo Arena tocará en honor al amor de la pareja.

Por favor, confirmar asistencia.

 

FIN

 

Dennis es un personaje secundario de la novela Dedicado a ti, mi amor, cuyos protagonistas son Arturo y Renata. La historia salió publicada a comienzos de 2020 en todas las plataformas digitales.

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GRACIAS,

Chris de Wit

 

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SINOPSIS:

Él no se dará por vencido hasta que consiga lo que quiere de ella.
Ella no se dejará cautivar tan fácilmente…

La joven profesora de música Renata van der Berg se entera de que en el piso de arriba se ha mudado Arturo Ziff, un norteamericano tan condenadamente guapo como insoportable. Tiene unos ojos verdes que la vuelven loca, pero, cuando le sonríe como si se creyese el dueño del mundo, a ella le gustaría propinarle un buen sopapo.

Si bien en un principio la convivencia como vecinos resulta fatal, el amor que ambos sienten por la música obra su magia y comienzan a conocerse. Sin embargo, Renata no se deja engañar y reconoce con crudeza que Arturo representa todo aquello que ella detesta en un chico: es egocéntrico, grosero y libertino.

El problema es que cada vez que él se digna a prestarle un poco de atención, el traidor corazón de Renata no escucha razones y palpita de manera desenfrenada. Encima, el enigmático Arturo oculta demasiados secretos que despiertan en Renata una enorme curiosidad y, a la vez, un gran temor por descubrir lo que se esconde detrás de ellos.

Lo que Renata no sospecha es que Arturo tiene en mente muchas cosas en donde ella es la gran protagonista, y que no se detendrá hasta conseguir de la muchacha lo que esta, ni en sus más locas fantasías, habría podido imaginar.

Bajo el sello de @somosselecta

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